CONSECUENCIAS DE LOS SUCESOS DE VALLADOLID El ...

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El ejemplar escarmiento que quiso dárseles a ios revolucionarios de Valladolid, lejos ... en Los lugares más apartados, el nombre de don Francisco I. Madero.

CONSECUENCIAS DE LOS SUCESOS DE VALLADOLID El ejemplar escarmiento que quiso dárseles a ios revolucionarios de Valladolid, lejos de restablecer La quietud y obediencia reinantes en otros dIas, despertó en todo el estado un sentirniento general de protesta. Sc vio en la victoria de las fuerzas federales el alarde de un gobierno capaz del crimen en beneficio de su continuidad. Y mientras en Mérida la clase media y Los obreros que vivian bajo la infLuencia de los ricos se conformaban con un simple cambio de gobernador, y en esto cifraban todos sus anhelos, en Las pohiaciones del interior del estado, en las haciendas, en las rancherIas y hasta en Los lugares más apartados, el nombre de don Francisco I. Madero comenzaba a proriunciarse con respeto y admiración, y adquirio bien pronto la significacion de lo que ambicionaba el indio: justicia y mejorla económica. Era Logico que mientras más muestras de impaciencia diera el pueblo por la conquista de esos principios redentores, el gobierno porfiriano intensificaria todavIa más sus procedimientos coercitivos. El resentimiento de los hacendados y de los capitalistas en general, que organizaron el Centro Electoral Independiente Ilara combatir a don Enrique Mufloz ArIstegui, obligado a favorecer las empresas financieras creadas por don Olegario Molina, tavo la virtud de despertar, indirectamente, el interés del pueblo pot los problemas de significación social. El señor Molina, hombre de talento indiscutihie y de extraordinaria energia, habIa urdido una complicada madeja con la que maniataba la gran industria del estado: el henequén. Los productores yucateeos de esta fibra se sentian impolentes para romper aquellas ataduras Si no era mediante un cambio de regimen local. Tan directas y estrechas eran las relaciones del gobierno con los agentes de los trusts, que inmediatamente después de ser solocada la revolución de Valladolid, como si se quisiera imponer un

castigo a los responsables morales de aquel movimiento, se bajaron las cotizaciones del benequén. La Casa Montes y CompañIa fue deprimienclo las cotizaciones, y de 15 reales Ia arroba en agosto de 1910, llegó a pagar menos de un peso a fines de ese año, apaciguando a los liacenclados con la promesa vaga de que para 1911 liegarIa a pagarles a $1.20 Ia arroba. La Cámara Agricola hizo investigaciones en el extranjero, logrando comprobar que no existla razón alguna que justificara la depreciación del henequén. Esta fue la primera vez que los hacendados osaban hacer investigaciones directas rompien(Io Ia rnaraña de las casas compradoras, que por esta época iniciaron la practica de los grandes stocks, como uno de los extremos y eficaces recursos para manejar con absoluto dominio las cotizaciones del sisal. A principios de febrero de 1911 existIan en las bodegas de Progreso 170 000 pacas de henequen, cantidad muy considerable, pues nunca antes habia Ilegado a acumularse. Naturalmente los productores se defcndIan echando mano del mis fiicil expediente: intensificar Ia explotación del campesino. Por ejemplo: se pagaban entonce, segñn las tablas oficiales, que estaban muy lejos de ser las de la práctica, veinticinco centavos por ci mecate de "chapeo", y los procluctores impusierOn una reducción de cuatro centavos. Esta reducción de jornales, unida a la enorrne carestIa del maIz, clebida a la pérdida de ]as cosechas, hacla intolerable la coridición del jornalero. Muy pronto iba a dar el campesino tremendas muestras de su inconformidad. Si la revolución de Valladolid habla fracasado por las circunstancias anteriormente apunta(las, ci e j emplo de sus hombres levantarla ci ánimo de ios pueblos. El dIa 3 (Ic marzo de 1911 en Ia madrugada, el pueblo de Peto, que se habia conjurado para suprimir a sus caciques. asaitaba Ia casa del jeie politico, el coronel Casimiro Montalvo, en Ia que irrumpieron tras derribar las puertas a machetazos. El coronel Montalvo logro escapar, no asi su secretario, don Fernando Sosa, que sorprendido en las goteras de la población, cuando trataba de escapar, fue muerto en circunstancias inenarrables. Los amotinados se dirigieron al cuartel en ci que penetraron victoriosarnente, no sin antes matar al oficial Marcos Acosta y de herir gravemente al soldado Sixto Quintero, que estaba de guardia. Los rebeldes se apoderaron de una cantidad considerable de rifles, de parque suficiente y hasta de una pieza de artilierIa, y se lanzaron al campo. Posiblemente ci caso reciente (Ic Valladolid les liacia considerar los graves peligros de presentar formal batalla a las fuerzas del gobierno. Encabezaban ci 58



• movimiento gente del pueblo: Elias Rivero, iilatero que estaba en cargado del reloj j niblico municipal, tertia a su cargo ci aspecto politico del movimiento. Antonio Reyes tenia La dirección mililar. Y los otros cabecilias eran Tránsito Soils, Delfin y Santos Encalada. El Gobierno, informado Irontamente de Los sucesos y de que los rebeldes habIan abandonado la pohlación, trató de aprovechar esta circunstancia para conservarla bajo su control y ordenó [a salida de 100 hombres de la Guardia Nacional al mando del capitàn Porfirio Barceló y de los oficiales Manuel Vãzquez y Neniesio Suárez. No Ilevaba Barceló insirucciones para batir a los rebeldes, pero si fuese atacado, se debia limitar a mantenerse en sus posiciones y dar aviso oportuno y urgente para que, Ilegado el caso, saliera ci coronel • Ignacio A. Lara con 500 hombres a batirlos. • El Gobierno se engailaba respecto a la magnituci del movimiento rebelde. Ignoraba que los aizados empiearan esta vez riuevos procedimientos; ni sospechaba siquiera hasta qué punto en el espiritu del campesino alentaban sentimientos extremos. i'or esto fue una sorpresa enorme al dIa siguiente tener que confrontar análoga situación en Temax y en Sotuta, poblaciones en [as que el pueblo se levanta contra los representantes del regimen. En Temax, ins rebeldes aprehendieron al jefe politico, el coronel Antonio Flerrera, y al agente de Hacienda, Nazario Aguilar Brito, y los lievaron al centro de la plaza de la población y allI los sentaron en unas sillas, los • amarraron y los fusilaron. Encabezaban ci movimiento de Temax, Pedro Crespo y Eduardo Lizdrraga. Crespo y algón otro de los cabecillas ya mencionados, hablan participado en [a conjura de octubre de 1909. Tras de apoderarse dc las armas, de solicitar un emprCstito de $100.00 a cada comercianle y exigir del cura Gaspar Homar $500.00, como sus companeros de Peto, Crespo y sus hombres abandonaron la población y se Ianzaron al campo buscando prosélitos y preparando una acción más amplia. Al pasar por la Hacienda de Cauaca se le adhieren 150 jornaleros. Ya con este refuerzo, tornan • rumbo al norte, y después de un descanso en Dzihin Gonzalez, prosiguen su marcha basta San Francisco, en donde tienen esperanzas * de encontrar nuls sinWatizantes. Mientras tanto, los rebeides de Peto se concentran en Temozón, después de pernoctar en Ia finca Pokrjl, en donde se hacen de unas cuantas botellas de aguardiente. fosforos y cigarros. El Gobierno pronto comprobaria que no iba a conlar con horn.

bres iara combatir a los rebeldes, porque los campesinos ya no estaban dispuestos a atacar a sus hermanos de clase. RechazarIan las imposiciones del servicio de guerra obligatorio, ci regimen (IC la leva, o se volverlan contra el gobierno haciendo uso de las armas que éste les entregaria. Los campesinos de Yaxcabá, impulsados por sus mujeres, than a darel ejemplo. Sucedio que al dIa siguiente de los sucesos de Peto, el jefe Politico de Sotuta, teniente coronel Rogerio Diaz Sierra, dio orden de que se reuniera gente suficiente en distintos pueblos de ese parudo. Cumpliendo estas disposiciones, el teniente Claudio Padilla y Mario Herrera, Fernando Velazquez y Miguel Carrillo, rápidamente, segñn los procedimientos habituales en estos casos, arrancaron de sus hogares a un buen numero de campesinos. Conlormes con su suerte, se disponlan a salir con el rifle en la.mano y portando sus cartucheras, cuando las mujeres, que los hablan iclo a despedir, comenzaron a hacerles rellexiones sobre La arbitrariedad de que eran vIctimas, y lo injusto que resultaM el ir a conThatir a los rebeldes, sus hermanos. Estas consideraciones hechas Con tanta fe y conviccion, impresionaron a aquellos hombres y cuando salieron de la población se insubordinaron y mataron a Padilla e hirieron gravemente a los demas. Esta actitud de los campesinos de Yaxcabá hizo recelar grandemente al Gobierno respecto a la gente de la region y se abstuvo de realizar nuevas levas. Pero no solo en Peto demostraban los campesinos su poco agrado para cooperar en la represion del movimiento armado. Como ejeniiplo tipico debe citarse ci de los campesinos de Muxapib, que se negaron a obedecer las órdenes del je fe politico de Motul que los citó P°' conducto del comisario municipal para que se presentaran a prestar sus servicios a! Gobierno. En otras poblaciones como Calotmu!, Dzidzantón, Buctzootz, Baca, Mocochá, las autoridades no contaban con las tropas. Inipotente ci Gobierno, se limita a aumentar sus coritingentes en Merida, posiblernente con el propósito de rechazar un ataque imprevisto a la capital. Mientras tanto, aguardaban ci auxillio del Gobierno Federal. Los rebeldes, por su parte, entraban yr salIan de las haciendas cuantas veces querlan; tomaban todo lo que. necesitaban y retornaban al campo. Cuando los mayordomos de las firicas, venciendoel justo temor que debla inspirarles la mansa manada de borregos , osaban poiier algun reparo al atrevimiento de que aimra daban muestras los campesinos, éstos, con ingenua conviccion. respond ian: 60

"No se preocupen ustedes, no se pongan tristes. Todo lo pagarA don Pancho Madero." No obstante los grancles motivos de resentimierito que debian abrigar contra sus amos, conservaban an grail respeto P'' La pro* piedad de los ricos, y otorgaban yaks y (locumentos I aquellos artIculos de que se adueñaban en las tieridas de las fincas o por el dinero que demandaban en algunas poblaciones para las necesidades de la campaña; vales y docuxnentos que crelan poder pagar al tnunfo de la revolucion maderista. El asalto y posesión del !ngenio Catmis ])or parte (le los sublevados se consideró el ecilmo de la auclacia y La temeridacL El Gobierno no 1)OdIa continuar observando una pasiva actitud sin comprometer su prestiglo. Titubeaba en jugarse una carla peligrosa., Pero los hijos del propietario de la linca to urgian para ap]acar a Rivero y a Reyes, que con su gente eran quienes se habian posesionado tie Catrnis. MI, una noche, vispera de Ia ñnica y desastrosa ofensiva de ]as fuerzas del Gobierno, se hailaban en Peto don Antonio y don Enrique Cirerol cenando con un grupo de amigos, cuando an mensajero llegó a comunicarles que los rebeldesde Rivero se hallaban en Catmis entregados a La mas espantosa orgia. Don Antonio, ni tardo fit perezoso, entendio que ésta era una brillante oporitinidad par-a sorprenderlos, y en el acto pidio papel y reclacto un mensaje din. . 1 giclo al goDernador Enrique Munoz Aristegui, en ci que le Participaba lo que acontecla y lo exhortaba para no desaprovechar la excelente oportunidad, y conclula con la promesa de que si ci Gobierno daM órdenes inmediatamente para que saliera Ia tropa iara Catmis, éI y sus herrnanos, Enrique y Arturo, irian a Ia cabeza de la columna. La respuesta cast inmechata del Gobierno lue. aceptando la proposición5 Simultáneamente se dieron órdenes at coronet Manuel J. Garcia.) para que con ci mayor Cristobal Carrillo y Pastor Carrillo Reyes, rnás 150 hombres de tropa bien equipados, se dingieran en el ado a Catmis. Al Irente tie La columna Than los hennanos Cirerol. Al ilegar a Tzucacab, don Enrique indagó sobre los elementos con que ahu se contaba para trastadarse at ingenio, y en vista de que estos resuitaban rnuy escasos, se resolvto que toclos .avanzaran a marchas forzadas. Se querla a todo trance sorprender a los rebeldes ya vencidos por los estragos de su nocLurna fiesta o posiblemente en plenaorgia, impotentes para resistirun ataqiie Al liegar a Catmis, y por In(Iicaciones de los hermanos Cirerol, la tropa 61

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se (Iividió en tres grupos: con el que mandaba d mayor Carrillo

iba don Arturo. Sin ningun estorbo liegaron hasta el lugar doncle se levanta La casa principal un hermoso edificio almenado como un fuerte . Cuando ya se encontraban en este punto, a sus espaldas esctichan los primeros disparos y desde lo alto del edificio las voces de los rebeldes a ios hombres de la tropa, soldados forzados, infelices arrancados de sus hogares por la criminal leva: "Vengan, hermanos, vengan . . . Viva la Libertad!" Pero aquella gente debe reconocerse iba coniandada por hombres valientes como Los Cirerol, como los dos Carrillo, y la respuesta de estos, naturalmente, lue la de immar ci ataque. Has ta después de las cuatro de la tarde terminó La batalla librada. A esa hora las fuerzas (let Gobierno, prácticamente derrotadas, se rep1egaron a Tzucacab, y los ñltirnos en abandonar el campo con su gente fueron don Arturo Cirerol y don Cristóbal Carrillo. El mayor, don Enrique y don Arturo Cirerol no salieron de la. finea. Confiando en Ia lealtad de tin individuo, compadre de don Enrique, fueron a la casa de éI a esconderse. El compadre aquel los acogió con grandes muestras de liospitalidad. Poco despucs, don Enrique Ic dijo: Compadre, tenemos mucha sed . . . Anda a 1uscarme agua . .. El compadre, lejos de ir a cumplir con aquella petición, fue a denunciar a sus huespedes, y en ci acto un grupo de los rebeldes se presentó en 'a casa de los refugiados y en el enardecimiento fiero de que ice ballaban poseidos, a machetazos diPron muerte a don Enrique, Este episodio )r0(]Uo una impresión terrible. El fracas? del Gobierno, cuyas fuerzas habian sufndo mas de 44) ba j as, suscito la conviccioll de que era totalmente impotente para contener la rebelion: Sin duda la situación tan comprometida en que Sc vela ci senor Munoz Aristegui Lienaba, por otra parte, de satislaccion a Los hacendados. Se consideraban estos continuos reveses en el campo como la caida inminente, y naturairnente no desaprovecharon cuantas oportunidades se preseritaban IJara precll)ltarla. Al siguiente dIa de la Ilegada a Progreso de los 1)rOmetidos batallones 15 y 16, al mando del teniente coronet Luis Guevara, 0 sea la mañana del 9 de marzo de 1911, el señor José Juanes G. Gutiérrez visitó at gobernador en representación de la Camara Agricola de Yucatan, exigiéndole energIa para terminar con aquella siLuación desordenada que tanto perjudicaba los intereses de los productores henequeneros. Aquelta demanda exasperó el ánimo de don 62

Enrique Mufloz ArIstegui porque, como era ostensible, tos responsables de aquella situacion caoLiea eran aquellos quo le pedian cueriLai con tanta desteniplauza. El anuncio de 'a liegada del general Luis C. Curie, enciado per don Porfirio Diaz con arnplias facultades y poderes para pacificar cCIJ Tjfr el estado, y la circunstancia de ser aquel milite gran amigo de , *. I S . . adversarios de donEnrique Munoz, hasta el PUfltO tic que c i hatna:sido 1;1flO de los canclidatos propuestos Po el Centro hiectoral In pendiente para gobernador del estado, estimuló en nuicho a its hacendados para arreciar sus ataques contra ci gobernador. El dia 112 de rnarzo, aunque ya no era necesario, don José Peon del Valle, descie ]as columnas de La Revista de Mérida, dirigia una carLa aJ1p!- \ta al señor Munoz ArIstegui invitándolo a ahanclonar el gobierp9, q.. decia en alguno de Jos parrafos: aeI En primer lugar, el movimiento rcvolucionario 11116ac1oFM[jç M&fras Peto no es un movimiento revolttcionario en contra det gobierno general de la Repüblica: es una COI1YLI1SIóII local, una protesta contra ios funcionanos que estan al frenie cle} gobierno del estado. Puedo asegurarle a usted, señor goberriador, que esta manifestación no es contra Muuioz ArIstegui, sino contra ci cotitinuador de. una politica que, quiero creerlo as], Ilena de buena rntencion, equivoca el rumbo, y en lugar del ken deseado produjo solamente malestar y profundo clescontento. 4

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Hasta aquel momenta, los hc aendados, los hombres de negocios , que erari quienes manejaban ]as cuestiones de carácter politico y social, no querlan presentar ci problerna segün las proporciones quo habia alcanzado y contintiaban Planteanlo Las sublevaciones canipcsinas corno una cuestión tie caracter netarnente politico que e resolveria simplemente con Ia renuncia del senor Munoz Aristegui. En estas circunstaricias, el general Curiet fue recibido por Ia O[.)OSiCiór icOmo tin Meslas. En su honor se organizo una manifestawon 1)ubhca, en la que los oradores lo Haman el sakador de Yucatán". Al mediodia, don Enrique MuuIoz ArIstegui lo visita en sus babitaciones del "Gran Hotel", y de Jo que trataron nadie SLEpO nada. La noche de ese mismo dIa —11 de mario de 1911 e] Congreso del estado en sesión clio trámite a una licencia solicituda i I or don Enrique Munoz y para sustituirlo se nombra al general Curie!, quien tomó posesión del alto cargo el lunes 13 del mismo mes y ario. 111

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El ?Prn dIa se reâne un grupo de caracterizadas personas del comercio y de la industria henequenera para cambiar impresiones sobre los puntos que someterlan a la consideración del nuevo gobernador. Formulan un memorial y acuerdan pie éste fuera dado a conocer antes en una asamblea extraordrnaria para la cual se invitó a todas las clases sociales. Pan contar con los mayores contingentes, los orgarnzadores se dirigen a todas las agrU)aCiOfleS CO reográficas, recreativas y sociedades benéficas y de ayuda mutua en funciones, en la ciudad de Merida. Estas agrupaciones, en esos tiempos, constitulan los ó rganos de la opion rn pflblica dignos 4k tomarse en cuenta. La asamblea se llevó a cabo con inmensa concurrencia en el teatro Pe6ri Contreras Ia noche del 15 de marzo. Las lunetas y los primeros palcos estaban ocupados por las personas de más relieve; las gradas, po' el pueblo en general. Presicilan la reunion los seflores doctor don Victor A. Rendon, licenciado Francisco Martinez de Arredondo, Enrique Camara Flubbe, Enrique Camara Zavala, Tomás Castellanos Acevedo, ingeniero Julio Rendón, Arturo Zavala, Alberto Vales Millet, licenciado Alfonso Pinkus Troncoso, licenciado Primitivo Cásarcs y Faustino Escalante, iniembros destacados del Centro Electoral Independiente, a quienes las conveniencias penniHan ahora ostentarse dando los ñltimos golpes al regimen caldo. Antes de dar lectura a la rnstancia que se dirigiria al nuevo gobernador, y que deblan firmar todos los aill presentes, ci doctor Rendón hizo uso de Ia palabra para explicate los grandes motivos que inspiraban la actitud que se asumia, y pateticamente comenzo SI_i discurso: En las postrimerias de la semana flltima,un cuadro con el fondo oscuro de la miseria y la tristeza dejaba destacar los rojos fuigores del incendio y los fugaces relámpagos de la fusilerla. Por el suelo yaclari eadáveresmutilados chorreando sangre. A un lado, mujeres y ninos cubiertos con ci negro veTo del dolor, las mejillas escaldadas con las lágrimas lioraban al padre, al esposo, al liermano ausente: unos alla, en las irias regiones del none; otros, en las calientes del sure y otros muertos, idos para. siempre. Un (lIa el alambre cléctrico vibra anunciándonos que un hombre viene atraernos socorro y la alegria brilla en las earas 4k todos: la sonrisa renace en los labios: es la esperanza que a lo lejos se (livisa. 0

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Las patéticas palabras de don Victor Rendón, no reflejaban acaso La ingenua coriviccion de que eliminado el señor MuiIoz ArIstegui, desapareceria el macabro cuadro que ofrecia el estado, segun cli piritura elocuente? . . . Era cierto que la simple presencia del compadre de don Alfonso Camara y Camara, 4 general Curiel, tenirk La virtud de hacer brillar la alegrIa en d rostro de todos? Con ci advenimiento del general Luis C. Curiel queda desplazada la influencia absoluta de Jos agentes de la International Hare, vester pie tenlanen el gobernador Munoz ArIstegui a un gran aliado. La compania de hacendados de Yucatan, d organismo de ,fensor de los intereses de 'a industria, adquiere fuarza, y esto y otras circunstancias I)O]Iticas son suficientes pan hacer qae en muy pocos dias, los representantes en Merida del famoso trust se obliguen a compras rnuy importantes de heneqiién,, teniendo que pagar Un peso mas pOr arroba sobre ]as cotizaciones anteriores. Cuando el doctor Rendón concluyó su discurso, otra persona dio lectura at memorial que se dirigiria at general Curiel. Se le decia pie clespués de la campana electoral electuada en el lEstado para Ia renovaciórt de los poderes puiblieos, todos los ciudadanos amantes del ordert y la tranquilidad sociales, esperaban que el gobierno triunfante, para hacer frucilfero el trabajo, consagrarla sasenergIas a la, obra generosa y patriotica de restablecer la armorna social entre los elementos antagónicos tie la campafta electoral. Por desgracia no sucedió asi. Se abrieron procesos contra muchos adversarios politicos. Las cárceles y la penitenciarla del Estado se lienaron de enemigos de don Enrique Munoz. Las victunas se contaron por centenares. Procedimientos extraordinariamente rigurosos e inusitados, aun cuando se tratara de crImenes horrendos, revistieron la actiLud oficial de caracteres de una inicua venganza. Para agra'srar Ia situación más y más, se inició ante ci. H. Congreso del estado Un proyecto de ley para suprimir en la legislacion. local ]as recaudaclones sin causa. Se entendio que laintencion ünica de la reforrna era Ia de estorbar 'a delensa de las victimas (IC la, contienda politLea y. evitar que conociese de los procesos politicos el juez 3 del crimen, licenciado Lugo Ahumada, cuya lerrea dureza,, respondiendo lidmente a las miras del Ejecutivo, habla sembrado la coristernación en Jos hogares de los procesaclos. Salieron depurados de toda itspofisabilitlad alganos de los inculpados, pero cargados de odio pc ]as injusticias y rigores que hablan padecido. Pronto este ma[esar se tradujo en el movimiento sedicioso que soporto la zoria oriental 65

del estado, movimiento que, entre outs, encabezaban los qae hablan obtenido su libertad. Fue sofocado afortunadamente ese movimiento con ci eficaz auxilio de las fuerzas federales; pero ya el mat existia. La paz pñblica se hahia perturbado por un movimiento ostensible de aversion. Entonces la opinion püblica clamó y se hizo ow en la prensa, pidiendo la amrnstia como ci urnco medio para ajAacar los ánimos exaltados. 'V la amnistla fue negada entre las protestas vehementes de Ia sociedad yucateca. La negativa repercutió por todos ks ámbitos del estado, y relámpagos de indignacidn estallarori con las fulguraciones tragicas de la rebeliori armada, que aquellos momentos se iba extendiendo por todas partes. Se hacla !indispensable salvar aI estado de las convulsiones de una gaerra civil por medio de wi indulto que a todos comprendiera. Además, un profundo malestar se padecla en todo el estado que alectaba a las fuentes de La vida economica, porque habaa agotado las reservas necesarias para la corriente de los negocios. Hechos muy ladLes de notar, hasta para ci que menos se detuviera a corisiderar La situación, se venlan desarrollando desde hacia Varios anos, hasta determinar ci agotairnento de nuestras fin.anzas. La clase más pobre luchaba con Ia miseria. Este mal se agravaba con la opresion e j ercida por los malos funcionanos de la acimmistracion püblica, y determinó eL espiritu de revuelta que urgIaterminar. Antes, el capital de ]as instituciones comerciales era exciusivarnente yucateco ; el capital extranjero poco tenia que ver con las finanzas yucatecas. En cambio ahora se sabla que $18 000 000.00 del ca. pital social de los ferrocarriles del estado, $13 000 000.00 del Banco Peninsular y $2 000 000.00 que importahan un grupo de ,haciendas henequeneras, hablan pasado a manos foráneas para equilibrar La halanza comercial. Era una idea accesible a todos, la de que no poco haEa contribuido a lit depreciación del ünico producto agricola la facilidad que un sindicato extranjero die en cornplicidad con los agentes del estado para desarrollar sus combinaciones depresivas y monopolizadoras, complicidad alentada a la sombra de la protección olicial. Es evidente que la alianza con determinadas empresas contribula poderosamentea la desvaorización del (mico producto de exporta• don de Yucatan. Por esto, los esfaerzos de los hacendados eran legItimos. Lo que no era legItimo era el pesimismo respecto del campesino. El indio era an ser demasiado abstracto en el orden de nuestra civiliclad y por eso sus condiciories de vida y de cultura no Zvi it

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alcanzaban ci valor de problemas de signfficación püblica. El came pesino representaba los cimientos de Ia ecoaomfa, y su [agar era el de los subterráneos de nuestra estrurtura social. Una vision humana, racional del problema yucateco, de ser sincera, hubiera ilevado a loshacenclados a plantear Ia cuestión, no en el interés de lo que metaforicamente se liamaba la, defensa de Ia agricattara, sino en interés de los jornaleros del campo, que en realiclad eran los qae suirlan las consecuencias de las hajas en e[ precio del henequén. Los duenos de las haciendas se presentaban como las urucas victiinas y sus extorsionadores aceptaban encantados esta forma cle plantear el problema. Hasta podrIa explicarse por esta particular manera de presentar la cuestion, Ia ausencia dc escrupulos por pane dc los funcionarios en su alianza con los trusts extranjeros. EThos consideo rarian que con su actitud no infiutan decisivaniente para agravar la situación del campesino que asistia ciego y sumiso al gran debate. En La discusion del problema economico derivado del control de la produccion yucateca, jamas Illego a considerarse Li necesidad de dare all jornalero mayores salarios. Si en 1909 y 1910 se impulsó all campesino hacia los motines y las asonadas Iara derrocar a un gobernador al que no se habla logrado veneer en unas elecciones, se procuró ocultarle 'a verdadera iinalidacL Las victimas eran los potentados, por eso se atacaba cierto impuesto especial creado por el gobierno del senor Mufloz Aristegui y se le calilicaba de inicuo y mortal. Se exageraban las cosas con 'a intencion de favorecer la politica oposicionista sin dar participaciOn a las riemandas posiEles del pueblo. Aquella contribución Ia requeria ci Cobierno para Ia terminación de las obras del Hospital O'Horan, para crear un forido a esta institución y también para completar las obras dc pavimentacióri de la ciudad de Mérida. El monto total de aquel ingreso se calculaba en $950 000.00 anuales, suma que no era extraordinaria. Por otra parte, el Gobierno, ya desde 1907, at modilicar sus trihm tos reduciéndolos, suprimla de su presupuesto de ingresos ti-es importantes partidas que juntas sumahan la can.tidad de $405 000.00, con lo cual prácticamente ci monto total del impuesto especial ascendla a $545 OGO.00. Entre las partidas cancdadas figuraba algu.na cuya SUI)resión debla considerarse como 'in alivio por los produces tores de henequen. Sc trataba del derecho ordiriarto qae se cobraba sobre el henequén, a razón de 27 centavos sobre cada 100 kilogramos. Naturalmente, de esto se gaardaban ken de hacer referencia alguna. Es decir, el impuesto especial no determinaba ninguna situa67

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cion grave, mas se creó airededor tie este asunto una discusión tras la que se ocultaba la exasperación que producla el control imperialista de la producción henequenera de Yucatan. Ya en el mamfiesto revolucionario de Valladolid se hacia referencia a esta cuestión de los impuestos asfixiantes. Al concluir ci gobierno del señor Enrique Muñoz Aristegui, se mostró en sus proporciones la. Plataforma dc los Independientes. Las lenguas Sc desataron y se inició una campaliainfamante contra el propio licenciado don Olegario Molina, y por primera vez se acusó a la Casa Avelino Montes y Cia. por su pacto Con la International Harvester tan ruinoso para los iritereses de La industria yucateca, y POF I)rimera vez tarnbién se atacó a don Rogelio V. Suárez, alegándose que tenia el monopoho did abastecimiento de la came de res. Es evidente que los prirneros brotes de rebelión fueron sugeridos y financiados por los hombres de negocios que no querlan lucharya contra el poder de las empresas que disfrutaban (le la proteccion oficial. Las más irrisorias cotizaciones resuttaban nominates, pues las casas compradoras, al hacer la clasilicación del henequén, imponian fortsimos castigos a ]as clases inferiores, con lo que resultaba que ci precio real y efectivo del henequén manchado, l ore iem-plo, apenas akanzaba un poco mas del 50(/'c de los precios fijados. Era casi invariable que rnuy breves dias después que Un hacendado , recibiera una nota en la hacla entrega de una partida de heneqaén que se le participaba la calidadque se le habia asignado a su aportacion y el monto de to pie salia debtendo por castigo. Si no saüs• facla esta cantidad, se le ilevaba una cuenta de intereses, que se le descontaba at liquidársele su entrega posterior. Ya en 1909, la madeja elaborada por agen.tes extranjeros para controlar la produccion total de Yucatan habla alcanzaclo an grado de I)erfeccionamiento tat, que no se disimulaban los métodos para reducir las cotizaciones. Don Manuel Dondé resurnia Ia politica de los trusts en forma , quieren decla pintoresca, pero exacta: "Cuando aqul lo bajan comprar para vender allá. Cuando allá to suben es porque ya no necesitan coml)rar, y entonces si quc viene ]a baja. Pero ninguna palabra puede expresar 10(10 el grave daflo que .causaba a los productores Cl consorcio del gobierno y de los agentes compradores de henequén como el siguiente cuadro estadIstico, que revela la reducción sistemática de los precios de la producción henequenera en un periodo de nueve anos:

W

Afios

1902 1903 1904 1905 1906 1907 1908 1909 1910

Pacas

528 246 590 430 606 006 587 289 599 566 611 485 652 498 567 427 558996

KtlogTamos

83 993 076 93 205 649 97 205 649 96534196 97 198 252 100 773 946 108794721 95 755 937 94 789 504

Valor total S

35432791 33 331 154 32 022 581 29625430 27247222 24874317 20777016 20214627 17886474#

La tabla anterior es tan signilicativa cpie huelga todo comentario. Ella demuestra elocuentemente el gradual desccn.so del valor total de La 1)rodUCCiófl; revela que en 1910, ci aiio de la desesperacion, ci aulo de la revolución de Valladolid, el valor total de k producción del henequén auri siendo mayor en mar s de 20 000 pacas al de 1902, se habla reducido a menos del 50%. Era un sistema ruinoso, y al misino tiempo vejatorio para los hacendados. Otro de los grandes puritos que hablan rebatido, fae la cnestión del impuesto especial del henequén. En su exasperaciôn el hacendado, por medio del Centro Electoral Independiente, corner'zo a divulgar la especie de pie las canticlades que se recaudaban por aquel impuesto no se invertlan en las obras molivo dc aquel gravamen. En ci plan de la revolución de Valladolid se recogió este concepto y Sc esgrimIa como una de las grandes causas de aque movim iento. Hasta antes de la calda del gobierno de don Enrique Munoz Aristegui, la actuación del Centro Electoral Independiente y de la Cámara Agricola de Yucatan aparecla como una empresa civica, digna y progresista. Tenla la apariencia de Ia rnds brillante arrogancia; sin embargo, no era mas que un gesto de clesesperacion para romper Un cIrculo que iba reduciendo Ia econoinia del hacendado. Algunas cifras de un balance del Banco Peninsular 1 ucateco, tornado al azar, explican suficienternente esa inquietud: $3 894 083.83 Hipoteca a favor del banco Propiedad en yenta, es decir propiedades que pa4 430 492.43 saron a favor del banco por hipoteca S

El banco cobraba los siguientes tipos de interés en operaciones a corto plazo: El 8% sobre I)réstamos prendarios. F] 7(7 sobre pignoraciones de henequén. El 8.50 /c sobre operaciones quirografarias. De este modo se explica que alcanzara sus más jugosos rendimientos en los 1)erIodos crIticos, y asI en 1910 obtierie $1326 720.98. Si el lector es aficionado a las comparaciones crIticas, podrIa sacar muy buenas y significativas consecuencias comparando las miiidades del Banco Peninsular, que posela un capital de $16 000 000.00 y Un volumen de negocios que alcanzaba a $54 000 000.00 con las del Banco de Mexico en 1917, cuando posela más de . . . . . . . ... $100 000 000.00 de capital social y un volumen de operaciones pie se aproxirnaha a 31000 000 000.00 y que en ese solo allo tuvo, aproximadamente, unos $2 250 000.00 de utilidades. La proporcióD es fabulosa. Estos hechos justifican Ia actitud de los hacendados yucatecos y explican que Si el Comité del Centro Electoral Independiente estaba interado por productores de henequén, no se debia a circunstanci as g fortuitas. Ahora bien, a esto debe atribuirse incuestionablemente la limitaciSn que en sus frnalidades sociales persegula la agrupación y que al triunfar la revolucion Maderista, recelosa de las prerrogativas que coricedIa a una minorla de tradición economica l creada desde tiern05 de la Colonia, comliatiera a los representantes de la revolucion niexicana.

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