Extractos de El Poder del Relato en los Movimientos Sociales 1 por ...

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Extractos de El Poder del Relato en los Movimientos Sociales 1 por Marshall Ganz Kennedy School of Government Universidad de Harvard Preparado para la Reunión Anual de la Asociación de Sociología Norteamericana, Anaheim, California Agosto de 2001

Esta historia la enseñará el buen hombre a su hijo, Y desde este día hasta el fin del mundo, La fiesta de San Crispín y Crispiniano nunca llegará sin que a ella vaya asociado nuestro recuerdo, el recuerdo de nuestro pequeño ejército, de nuestro feliz pequeño ejército, de nuestro bando de hermanos; por el que pierde hoy su sangre conmigo será mi hermano; por muy vil que sea, esta jornada ennoblecerá su condición, y los caballeros que permanecen ahora en el lecho de Inglaterra se considerarán como malditos por no haberse hallado aquí, y tendrán su nobleza en bajo precio cuando escuchen hablar a uno de los que han combatido con nosotros el Día de San Crispín. Enrique V, Acto IV, Escena 3 William Shakespeare

INTRODUCCIÓN

En este discurso ejemplarmente incitador, pronunciado en la víspera del Día de San Crispín, el rey Enrique cuenta un relato nuevo, una historia que promete una transformación de identidad a todos aquellos que escojan participar en la batalla inminente contra los franceses, quienes los superan ampliamente en número. Sin embargo, el resultado de la promesa depende de su eficacia para generar lo que Enrique y sus hombres necesitan para salir con vida de la batalla. Tal vez sus largos arcos les otorgarían superioridad sobre los franceses montados y armados, pero sólo si tenían el coraje de erguirse y pelear. Este artículo se centra en la relación entre el relato y la estrategia en los movimientos sociales y argumenta que una fuente de poder única de los movimientos sociales reside en el nuevo relato que narran. Mi interés en los relatos, y en la estrategia, surgió en tres períodos. De niño, cuando nunca cesaba de maravillarme con la narración anual del relato de Pascua; como joven voluntario con el SNCC en Mississippi que reconocía una nueva narración de esta historia 1

Este material ha sido traducido del inglés al castellano por el Programa de Desarrollo Social y Sociedad Civil (Universidad de San Andrés, Universidad T. Di Tella y CEDES) para el Seminario “Liderazgo y movilización comunitaria para la participación” realizado el 31 de Marzo de 2005.

conocida; y como organizador con los Trabajadores Rurales Unidos, cuando participé de otra narración incluso más nueva de esta historia. Como estudiante de la sociología de los movimientos sociales, preocupado por la falta de atención en los aspectos relacionados con los actores, en especial la influencia de los gestores, líderes y participantes, para dar un sentido estratégico y motivador de por qué deben y cómo pueden movilizar recursos para aprovechar oportunidades. Y como maestro de profesionales de la organización que ha descubierto que la enseñanza de los relatos es una de las lecciones más útiles que puedo aportar. Cómo se Relatan los Movimientos Sociales • Los relatos nos enseñan a ejercitar la capacidad de gestión para enfrentar desafíos nuevos, atentos al pasado pero conscientes de los futuros alternativos. No se trata de seguir un libreto, sino de escoger cómo manejar las desviaciones de un libreto. Las historias nos involucran en un relato “entramado” de actores que proceden de modo legítimo hacia objetivos valiosos y se topan con problemas inesperados, a los cuales deben reaccionar con acciones innovadoras que lleven a la resolución a través de una nueva vía, hacia un nuevo objetivo, o hacia la derrota, y del que se extrae una “moraleja”. Los relatos nos ayudan a enfrentar lo inesperado, a improvisar futuros alternativos sin dejar de mantener la continuidad con nuestro pasado. • Los relatos constituyen la forma en que articulamos las identidades individual y colectiva que definen los objetivos que buscamos y entre quienes los buscamos. Es posible comprender nuestra identidad como un relato que hilvanamos a partir de toda una vida de historias en las que hemos participado como narradores u oyentes, y aprendido a actuar en el mundo. Cuando contamos nuestra historia, realizamos una actividad de identidad, volvemos a representar aquél que hemos sido y forjamos la persona en la que nos convertimos. Del mismo modo que una interacción entre hablantes y oyentes, los relatos son una actividad forjadora de cultura, que construye opiniones compartidas sobre cómo manejar los riesgos de la incertidumbre, la anomalía y lo impredecible cimentadas en el recuerdo de cómo manejamos los desafíos pasados. Por tanto, nuestras identidades individuales se enlazan con aquellos con quienes compartimos historias, nuestras familias, comunidades, colegas, tradiciones religiosas, nacionalidades, y con quienes las representamos en cenas familiares, servicios religiosos, feriados y otras celebraciones culturales que institucionalizan, o transforman, los nuevos relatos. • Los relatos son la manera en que accedemos a los recursos emocionales, o morales, en busca de la motivación para concretar esos objetivos. Inherentemente normativas, las historias asignan valores positivos y negativos a diferentes tipos de comportamiento. En consecuencia, se convierten en.... nuestras “fuentes morales”, fuentes de aprendizaje emocional a las que accedemos en busca del coraje, el amor y la esperanza que necesitamos para enfrentar el temor, la soledad y la angustia que inhiben nuestro accionar. Tal como enseñaba San Agustín, “conocer lo bueno” no es suficiente para producir un cambio de comportamiento que requiere “amar lo bueno”. Los relatos son a la vez una manera de “enmarcar” nuestra experiencia como intencional (haciendo que las cosas “tengan sentido”) y de “regular nuestras emociones” (conservar la confianza, mantener la ansiedad bajo control, tener una historia en la que podemos creer). Este artículo explora el rol del relato en el lanzamiento del movimiento de trabajadores rurales encabezado por César Chávez durante un período de cuatro años, desde la primavera de 1962 hasta la primavera de 1966.i En particular, analiza la influencia del relato en tres

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momentos de elección, formación de identidad y acción: a la hora de formar un núcleo de liderazgo, lanzar una organización y lanzar un movimiento. Lanzamiento del Movimiento El 8 de septiembre de 1965, tres años después de su fundación, los líderes de la NFWA se vieron forzados a decidir su participación en una huelga de trabajadores viñeros iniciada por filipinos asociados con un sindicato rival de la AFL-CIO. Conscientes del peligro de actuar demasiado pronto, pero intuyendo la oportunidad y dispuestos a correr ciertos riesgos, decidieron tantear el apoyo entre los trabajadores mejicanos a través de un llamado a votación. Para apelar a sus relatos religiosos y culturales compartidos, o tradiciones morales, fijaron la reunión para el 16 de septiembre, día de la Independencia Mejicana, en la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe. Pero Chávez también identificó la oportunidad que brindaba el nuevo relato del movimiento de derechos civiles que se extendía a través del país y la introdujo en la votación, con insistencia en un compromiso con la no-violencia, una novedad en el mundo de los trabajadores rurales. También exhortó al compromiso de sumarse a la huelga para obtener el reconocimiento del sindicato y no un mero incremento de salario, otra expectativa nueva para muchos de los presentes. Eliseo Medina, un trabajador rural que por entonces tenía 18 años, recuerda: Se convocó una reunión en Nuestra Señora de Guadalupe para el 16 de septiembre. Todos estaban llenos de fervor revolucionario. Así que fui.A pesar de que no me gustaba mucho la iglesia. Estaba repleta de gente. Nunca había visto a César Chávez. No tenía ni idea de cómo era. Padilla... lo presentó y resultó ser bastante insignificante. ¿Ese era César Chávez? No era un gran orador, pero empezó a hablar y dijo cosas muy lógicas. Nos merecíamos un salario justo. No debían aprovecharse de nosotros porque éramos pobres. Nosotros también teníamos derechos en este país. Merecíamos más. La huelga no sería fácil. Cuanto más difícil la pintaba Chávez, más quería la gente unirse a ella. Para cuando terminó la reunión... yo ya había escuchado lo que tenía que escuchar (Medina 1998).

Los mil entusiastas trabajadores mejicanos que asistieron a la reunión votaron a favor de la huelga por una mayoría abrumadora. Los organizadores esperaban convertir la huelga en un movimiento. En una adaptación de su propia versión del relato de los derechos civiles en la “edición de la huelga” del periódico, escribieron: ¿Qué es un movimiento? Es cuando hay suficientes personas con una única idea de modo que sus acciones conjuntas son como una enorme ola de agua que nada puede detener. Es cuando un grupo de individuos comienzan a involucrarse lo suficiente como para estar dispuestos a hacer sacrificios. El movimiento de los negros empezó durante el verano caliente de Alabama diez años atrás, cuando una mujer negra se rehusó a ser enviada a la parte posterior de un autobús. Así se inició una gigantesca ola de protesta a lo largo y a lo ancho de todo el sur. Los negros están dispuestos a pelear por lo que les corresponde, un lugar igual bajo el sol. En algún tiempo futuro, se dirá que el movimiento de los trabajadores rurales comenzó durante el verano caliente de California en 1965. Se inició con una pequeña serie de huelgas. Comenzó tan lentamente que al principio había un único hombre, luego cinco, luego cien. Así comienzan los movimientos. Es por esto que, más que un sindicato, la Asociación de Trabajadores Rurales es un movimiento. (Malcriado 1965)

Aunque muchos trabajadores abandonaron el área, los agricultores comenzaron a reclutar rompehuelgas externos para reemplazarlos y la responsabilidad de mantener los piquetes para informar a los recién llegados de la huelga recayó en un grupo de 200 huelguistas y

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voluntarios. Asimismo, como carecían de un fondo para la huelga, los huelguistas tenían que depender de contribuciones externas para mantenerse a sí mismos y a sus familias. Entrada la segunda semana de la huelga, la NFWA estableció una rutina de reuniones nocturnas los viernes y delegaciones los sábados para sostener estas actividades. Las reuniones de los viernes por la noche, dirigidas por Chávez, constituían una celebración semanal de dos horas de un nuevo capítulo en la historia de la huelga, narrado en informes, sátiras y canciones. Alrededor de 200 huelguistas, sus familias, voluntarios y delegaciones religiosas, estudiantiles, laborales y comunitarias visitantes se congregaban regularmente en un pequeño salón social para escuchar informes inspiradores e interpretar los eventos de la semana. Los actos del Teatro Campesino, encabezado por Luis Valdez, que combinaban elementos del teatro folclórico mejicano, la comedia de arte, Bertholt Brecht y la compañía de Mímica de San Francisco ofrecían reflexiones cómicas sobre interacciones entre trabajadores, agricultores, contratistas, rompehuelgas, organizadores y partidarios. Medina recuerda: Me encantaban las reuniones de los viernes por la noche. Eran renovadoras. Había mucha diversión, informes y discursos. Y un fuerte sentimiento de solidaridad. Estábamos todos juntos en lo mismo. Supe de personas que venían de San Francisco, Los Angeles, lugares que ni siquiera sabía que existían. Todo era muy nuevo. No sabíamos que existía algo así. Llegaba gente, y pastores y sacerdotes, personas de todas partes. Y después anunciaron a todos esos famosos políticos y sindicatos. ¡Mi Dios! Era como tomar vino fino (Medina 1998).

Las misas celebradas por los “sacerdotes huelguistas” se convirtieron en parte de la rutina de la huelga y reafirmaban el valor de sacrificio que la huelga requería. La historia mejicana cobró vida en paredes y cercas con frases que rezaban: ¡Viva Juárez, Viva Zapata, Viva Chávez! Los organizadores se reunían para delinear la estrategia de la huelga, pero el trabajo motivador en la historia de la huelga, sin la cual no habría existido demasiada razón para la estrategia, se narraba durante las reuniones de los viernes por la noche. Este enfoque en la identidad étnica también generó beneficios para el país en su totalidad. La discriminación sistemática a la que habían estado sujetos los mejicanos en el sudoeste era una historia poco conocida para el resto del país. Los líderes de la NFWA reconocieron que el movimiento de los derechos civiles podía haber creado una oportunidad para contar esta historia al resto del país, explicar las miserables condiciones en que vivían los trabajadores rurales y así distinguir a la NFWA de “un mero sindicato más” y a la lucha de los trabajadores rurales de “apenas una huelga más”. Asimismo, el hecho de que La Causa fundamentara sus reclamos en las enseñanzas sociales católicas le ahorró la acusación de “comunista” que había sido tan efectiva para desbaratar los esfuerzos de organización del sindicato rural en el pasado y atrajo a la Iglesia Católica, cuyos líderes estaban concluyendo sus deliberaciones en el Vaticano II. Por último, la NFWA llegaba a trabajadores rurales que sabían poco de los beneficios de la sindicalización, pero que la reconocían como un esfuerzo de los “mejicanos” por ayudarse a sí mismos. Esto también significaba que la huelga podía obtener apoyo económico, político y moral de los mejicanos y de los norteamericanos de origen mejicano en las ciudades y pueblos a través del estado. A pesar del creciente respaldo a la huelga, en noviembre, la temporada viñera había finalizado sin que se hubiera producido ningún avance, y un boicot convocado en diciembre contra Industrias Schenley, una importante compañía de licores con 1.600 hectáreas de viñedos en Delano, no había generado resultados. En febrero, Chávez reunió a un grupo de líderes en el hogar de un partidario cerca de Santa Bárbara para dedicar tres días a resolver cómo doblegar a Schenley, prepararse para la primavera y mantener el compromiso de los

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huelguistas, organizadores y partidarios. La siguiente cita fue extraída de mis notas de esa reunión: Mientras las propuestas llovían en el salón, alguien sugirió que siguiéramos el ejemplo de los mineros de Nuevo Méjico, que habían viajado a Nueva York para instalar un campamento minero frente a la sede central de la compañía en Wall Street. Los trabajadores rurales podían viajar a las oficinas centrales de Schenley en Nueva York, instalar un campamento en la entrada y mantener una vigilia hasta que Schenley firmara. Luego, alguien propuso que fueran en autobús, para dar tiempo a que la gente se movilizara en todo el país, se organizaran comités de boicot locales y se generara publicidad antes de la llegada a Nueva York. A continuación, alguien insinuó por qué no realizar una marcha en vez del viaje en autobús, como lo había hecho el doctor King el año anterior. Pero otro replicó que Delano quedaba demasiado lejos de Nueva York. Sin embargo, las oficinas de Schenley en San Francisco no estaban demasiado lejos, a unos 450 kilómetros, y un veterano del ejército calculó que podrían cubrir la distancia a un promedio de 24 kilómetros por día, o en alrededor de 20 días. ¿Pero, y si Schenley no reaccionaba?, preguntó Chávez. ¿Por qué no marchar en vez a Sacramento y presionar al gobernador Brown para que interviniera y así poder iniciar las negociaciones? Brown se había postulado para la re-elección y quería el voto de los trabajadores rurales, de modo que tal vez resultaría útil utilizarlo como “influencia” . Alguien respondió que sí y, que, camino a Sacramento, la movilización podía atravesar los pueblos rurales. Como en la “larga marcha” de Mao, se podían organizar comités locales que se comprometieran a no romper la huelga firmada. Sí, y también conseguir que los alojaran y les dieran de comer. Y así como Zapata escribió su “Plan de Ayala”, sugirió Luis Valdez, podían escribir un “Plan de Delano”, leerlo en cada pueblo, pedir a los trabajadores rurales locales que lo firmaran y que lo pasaran al pueblo siguiente. Entonces, Chávez preguntó por qué tenía que ser una “marcha”. Pronto llegaría la Cuaresma, un tiempo de reflexión, de penitencia, de arrepentimiento. Quizá debían organizar una “peregrinación”, que llegara a Sacramento el Domingo de Pascuas (Ganz 2000).

La marcha se inició el 17 de marzo, encabezada por un trabajador rural que portaba un estandarte de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de Méjico, retratos del líder campesino Emiliano Zapata y frases que proclamaban “peregrinación, penitencia, revolución”. Los huelguistas también llevaban carteles que exhortaban a un boicot a Schenley. De los 67 huelguistas seleccionados para la marcha, el mayor de ellos, William King, tenía 63 años, y el menor, Augustine Hernández, 17; dieciocho eran mujeres. La movilización atrajo mucha atención, en particular cuando las imágenes en la televisión mostraron una línea de policías de Delano con cascos y garrotes que impedían la partida por tratarse de una “marcha no autorizada”, lo que evocó imágenes de líneas policiales en Selma el año anterior. En tanto la marcha ascendía el valle y atravesaba pueblo tras pueblo, el interés público en la historia iba creciendo, en especial después de que más de 1.000 personas recibieron a los manifestantes en Fresno al final de la primera semana. ¿Qué sucedería? ¿Obtendrían lo que querían? La prensa del Area de la Bahía comenzó a publicar boletines diarios con historias acerca de quiénes eran los huelguistas, por qué caminarían 480 kilómetros y de qué se trataba la huelga. Obispos de la Iglesia Católica Romana y Episcopal autorizaron a sus fieles a sumarse a la peregrinación y la Junta de Rabinos de California del Norte se unió a los manifestantes para compartir el pan ázimo de Pascua. La marcha representaba no sólo el reclamo de justicia por parte de los trabajadores rurales sino los reclamos de la comunidad de norteamericanos de origen mejicano por tener una participación nueva en la vida pública. Y, a nivel individual, Chávez describió la marcha como una forma de “entrenarnos para soportar una lucha larga, muy larga, que a esta altura ya se había hecho evidente que sería necesaria. Queríamos estar preparados no sólo física sino espiritualmente... ” (Levy, 1975. #90). Entonces, en la tarde del 3 de abril, una semana antes del arribo programado a Sacramento, Chávez recibió un llamado del abogado de Schenley. Schenley había empezado a

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sentir los efectos del boicot. Ante el temor de que la llegada de la marcha a Sacramento se convirtiera en una manifestación nacional contra Schenley, la compañía estaba dispuesta a negociar. Negociaciones apresuradas resultaron en el reconocimiento del sindicato de los trabajadores rurales, mejoras substanciales e inmediatas en los salarios y las condiciones de trabajo y el primer convenio colectivo de trabajo real en la historia del trabajo rural en California. Sin embargo, en medio de la celebración de la victoria, los manifestantes voltearon sus carteles de “Boicot a Schenley” para escribir “Boicot a S&W”, “Boicot a Treesweet”, productos de la poderosa corporación DiGiorgio, que se convertiría en su próximo objetivo. El sábado por la tarde, los participantes de la marcha se reunieron sobre una colina en los terrenos de la Escuela Nuestra Señora de la Gracia en Sacramento del Oeste. Más allá del río Sacramento, se vislumbraba la ciudad capitolio en la que ingresarían a la mañana siguiente, una escena que más de un orador comparó con la de los israelitas acampados junto al Río Jordán, al otro lado de la Tierra Prometida. Al cabo de una sesión de plegarias en la que participaron 2.000 personas, Roberto Roman, un trabajador rural que había acarreado una cruz de madera de 2x4 cubierta con un género negro durante los 480 kilómetros desde Delano a Sacramento pasó casi toda la noche cubriendo la cruz con un paño blanco y decorándola con flores. A la mañana siguiente, descalzo y con la cruz en alto y aire triunfante, atravesó el puente del río, recorrió la alameda del Capitolio y ascendió los escalones del Capitolio, donde se le sumaron 51 otros “originales” que habían completado la marcha y una multitud de 10.000 trabajadores rurales y partidarios. Aunque los oradores incluyeron una impresionante plétora de líderes religiosos, laborales, políticos y norteamericanos de origen mejicano, el gobernador Brown no estuvo presente. Había decidido “pasar el día en familia” en la casa de Frank Sinatra en Palm Springs. En medio de la excitación por los logros obtenidos con Schenley, la ausencia del gobernador perdió importancia. Sin embargo, la comunidad de norteamericanos de origen mejicano consideró el hecho como una afrenta directa, lo que concedió a Chávez nuevas ventajas de negociación con el gobernador que resultarían muy importantes en el capítulo siguiente de la lucha. Interpretación ¿Qué generan los relatos? ¿Cómo crean capacidad de gestión, cómo forman y reformulan la identidad y cómo motivan la acción? ¿Qué injerencia tienen a la hora de explicar los orígenes, desarrollo y resultados de los movimientos sociales? Los “pocos afortunados” que lanzaron el movimiento de los trabajadores rurales habían desarrollado sus narrativas de identidad individual y colectiva... basadas en tradiciones culturales y religiosas compartidas, imbuidas de la experiencia de los trabajadores rurales inmigrantes y acrecentadas por elecciones que realizaron y a través de las cuales se convirtieron en “organizadores” no sólo capaces de, sino forzados a, cambiar sus comunidades... Sus relatos involucraron a otros a quienes esperaban reclutar y así, establecieron una convención fundacional que formalizó la transformación de miles de relatos individuales en una historia compartida de una organización nueva. La fundación de una nueva organización fusionó las narrativas mejicanas religiosas, políticas y culturales claves en las identidades de los líderes y los participantes con una tradición norteamericana de asociacionismo civil que combinó lo familiar con lo novedoso de modo tal de constituir una buena historia. Y los beneficios que el nuevo relato esperaba ofrecer, una cooperativa de crédito, indemnización por fallecimiento y servicios sociales, no sólo serían útiles de por sí, sino que proporcionarían

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una importante evidencia del nuevo relato sobre la solidaridad, dignidad y poder que podía significar ser un trabajador rural mejicano en California. A medida que se desarrollaba la huelga, la NFWA aprendió a contar su historia diariamente a través de los piquetes, las reuniones de huelguistas, la desobediencia civil, las delegaciones de apoyo, las celebraciones religiosas y, por supuesto, la marcha hacia Sacramento. Así, surgió una “comunidad carismática” basada en “votos de pobreza voluntaria” que compartía el compromiso religioso de ganar la huelga. Esta comunidad de huelguistas se convirtió en un crisol de cambio cultural que dio origen a nuevas identidades compartidas. Los trabajadores rurales se volvieron Chavistas; los partidarios, voluntarios; la huelga viñera, La Huelga; la NFWA, La Causa, y César Chávez... se convirtió en César Chávez, el legendario líder de los trabajadores rurales. La marcha fue una narración en acciones, palabras y símbolos. Representó un viaje individual y colectivo de la esclavitud a la libertad. Al escoger participar, los individuos enlazaron su identidad con la de aquellos que compartían “la causa”, e ingresaron en el escenario de la historia. La marcha no se limitó a conceder a la NFWA una oportunidad de contar su historia, sino que constituyó una representación de su historia, en la que participaron trabajadores, partidarios y el público. Esta dinámica cultural infundió importancia a la NFWA para los trabajadores rurales, los norteamericanos de origen mejicano, los estudiantes, activistas religiosos y norteamericanos liberales mucho más allá de su alcance político o influencia económica como organización comunitaria. Sin embargo, al igual que la promesa del rey Enrique, la marcha fue una historia tan poderosa que también resultó una estrategia poderosa: una manera de movilizar apoyo para el primer boicot que produjo un importante avance, el cual, a su vez, dotó a la marcha de una importancia aún mayor: la representación de un relato de cómo los trabajadores rurales mejicanos, a través del sacrificio, la solidaridad, la determinación, y una buena organización, lograron cambiar el mundo y a sí mismos. Conclusiones Comencé este artículo con Enrique V, un ejemplo de la relación entre contar una buena historia e idear una buena estrategia. He intentado demostrar cómo los relatos pueden desarrollar la capacidad de gestión, reformular la identidad y permitir el acceso a recursos motivadores para formar un grupo de liderazgo, fundar una nueva organización y lanzar un nuevo movimiento social... Se podría argumentar que los elementos más claves en la narración de un relato nuevo son las identidades de los narradores y los oyentes. La identidad de un narrador proporciona credibilidad a la historia, y la conecta con sus oyentes en un viaje común. Los movimientos sociales cuentan una nueva historia. Los movimientos sociales no son meras redes reconfiguradas y recursos reasignados. Son relatos nuevos en los que sus participantes esperan convertirse. i

El enfoque en el rol complementario de la estrategia se tomó de “Resources and Resourcefulness: strategic capacity in the unionization of Californian agriculture (1959-77).” American Journal of Sociology 105, No. 4 (Enero); 1003-62, 2000.

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